Así se iniciaba la conversación con los amigos el día de Navidad hace unos años, cuando todavía era una noche para pasar con la familia. Y es que la sociedad de consumo no deja resquicios ¿verdad?Yo nunca he visto las Navidades como unas fechas “normales”. Eso de que todo el mundo trate de parecer diferente durante unos días me parece de lo más artificial. De repente todo el mundo se acelera y dice cosas que no siente; da la sensación de que todo el mundo tiene que parecer bueno, de que todos nos queremos mucho, de que todo es distinto. Pero en realidad nadie se lo cree, porque a nadie le apetece cambiar, porque a nadie le apetece que las cosas cambien.
Expresamos deseos que sabemos que son redundantes y reiterativos. Los expresamos como por acto reflejo, sin pensar realmente qué estamos diciendo: “Que pases una buena noche”, “que se cumplan tus mejores deseos para el próximo año”, “que haya paz en el mundo”, “que…”
¿Y tu qué haces para que eso sea así? ¿Qué hacemos para que eso sea así? ¿Acaso las cosas cambian sólo con deseos?
No estoy renegando de la Navidad, que va, ni mucho menos. Opino que más allá de su contenido religioso son fiestas para la reflexión, para revisar nuestros sentimientos para con las personas que nos rodean, son fiestas para compartir de verdad, con los seres queridos y con los que no tienen nada, son fiestas para exteriorizar nuestra faceta más solidaria. Pero de verdad.
Lo triste del asunto es que nuestro sistema económico, que transforma todo en dinero, ha visto una posibilidad más de negocio e inmediatamente se ha encargado de convertir la Navidad en “temporada alta” para todos, o sea, nada de reflexión, que entonces no consumimos.
Así, poco a poco nos hemos quedado sólo en lo superficial. Todo se compra y se vende. ¡Esto es “temporada alta” amigos!, que las grandes superficies y los comercios tienen que hacer caja. Tienen puesta toda su esperanza en nuestras ganas de gastar en esta época del año. Así que dejémonos de tonterías y pongámonos a gastar, en nombre de lo que sea, pero “a gastar”, que si no “se destruirán muchos puestos de trabajo”.
¿Reflexión...?
¿Cambio...?
¿Valores...?
Por favor, no diga tonterías”, que estamos muy ocupados.
¡Ya basta por favor! ¿Es que nadie se da cuenta de que el barco se nos está hundiendo?
Bueno, pues mientras se termina de hundir, yo quiero aprovechar estas fechas para hacer un encendido homenaje a todas aquellas personas que desde las organizaciones humanitarias dedican su tiempo y su esfuerzo, aun a riesgo de su vida, para que los que menos tienen pueden vivir un poco mejor. Concretamente quiero destacar a los cooperantes catalanes Roque Pascual, Albert Vilalta y Alícia Gámez,,de la ONG Acció Solidaria, que haciendo oídos sordos al peligro están ahora secuestrados por Al Qaeda allá en la profunda Mauritania.
Para ellos y para todas aquellas personas que desde el anonimato hacen que todos los días sea Navidad para los vapuleados y saqueados de todos los continentes va este año nuestro mejor regalo de Navidad.
Y para desearos lo mejor en estas fechas con un mensaje optimista y real, no me queda más remedio que recurrir a Mafalda, que siempre estará ahí.
Feliz Año Con Mafalda
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