LA FOTO: ¿Quién perdió el neumático?

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¡HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ!

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Aquello de que “la estupidez humana es infinita”, no termina de convencerme. Gritaba Buzz Lightyear, el gran personaje de Toy Story, aquello de “¡Hasta el infinito y más allá!, lo que demuestra que la estupidez humana puede incluso ir más allá del infinito. Y por supuesto que lo consigue. No faltaría más.

Yo es que no quiero ver la tele estos días, porque pongas lo que pongas sale la monarquía británica, que ya me tiene hasta los mismísimos...c y... más allá. Pero de lo que se me va colando veo al flamante Rey británico, con esa característica y eterna expresión de asco, que hace que le planchen todos los días ¡LOS CORDONES DE LOS ZAPATOS! ¡Joder! ¡Planchar los cordones de los zapatos! Me cuesta creer que alguien mande hacer tamaña majadería, que además sólo es el botón de muestra de una larga lista de excentricidades que si no fuese un personaje público encajaría perfectamente con una estrella del rock pasada de rosca.

Pero no, no estoy hablando de la estupidez de esta gentuza. A estos les dedicaría algún calificativo algo más grueso. Estoy pensando en los que les jalean, en los que guardan más de 24 horas de cola para despedir a una señora que en su vida no dio un palo al agua. Entrañable ancianita, pero de dar un palo al agua ná de ná. Monárquicos irreductibles, súbditos de los restos de unos tiempos donde el esclavo estaba agradecido de que tan sólo se le permitiese vivir. Que ya era mucho.

Y no son pocos.

Aquí, en España, no cabe duda de que muy diferentes no somos. ¡La de marrones que nos hemos comido a lo largo de la historia con Los Borbones! Y mira, cada vez que asoma el gandul de El Emérito siempre hay algún imbécil que sale a saludar con un ¡Viva el Rey!

En algunas ocasiones, cada vez más, pienso que el cambio climático no va a acabar con nosotros, lo hará la estupidez, cada vez más infinita. Que para eso somos racionales y somos capaces de superar todo aquello que nos propongamos.

¡Hasta el infinito y más allá!


 

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LA FOTO: Cuando la marea baja

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ENTRE EL RIGOR DEL PROTOCOLO Y LOS DISGUSTOS FAMILIARES

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Existen dos instituciones que no sirven a la sociedad para absolutamente nada, que son la(s) Iglesia(s) y la(s) Monarquía(s). Son instituciones con dos intereses básicos: Subyugar a las personas y enriquecerse hasta límites obscenos. 

En las sociedades modernas, afortunadamente (de algo hay que alegrarse), no tienen competencias y su única obligación es no llamar demasiado la atención con sus... “vicios”, sus… “disputas” y sus… “excesos”. El gran "valor" que aporta una monarquía actual es no estorbar mientras otros hacen política, y para eso les dejamos vivir en una impúdica abundancia. Fotos, posados, revistas de cotilleo, saludos a embajadores, viajes para aquí y para allá... Y acumular riqueza mucha riqueza, como restregándonos en la cara eso de: "Lo hago porque puedo".

100 mil millones de Euros de patrimonio dicen que tiene la fallecida Reina británica. Unos ahorrillos.

Seres parasitarios que están incrustados en la sociedad chupandole la sangre como sanguijuelas. Para este desagradable bicho llegó su momento cuando la ciencia ocupó el lugar que le correspondía, para la Monarquía, la Democracia todavía todavía no ha hecho su trabajo.

¡Es tan bochornoso todo esto! Bochornoso el coste anual a las arcas del Estado para mantener a una prole de vagos e ineptos y permitirles que vivan a cuerpo de Rey (nunca mejor dicho) sin aportar absolutamente nada positivo a la sociedad. Prole que se multiplica y multiplica como una plaga. Y ojo, todos tienen derecho a una.. “paguita”, claro. 

Pero debo de ser el único al que le parece que esto es simplemente infame, porque veo la tele y tanto presentadores como tertulianos se afanan por destacar lo que no existe.

Yo entiendo los homenajes a un científico, un escritor, un pintor… A un trabajador… Entiendo los homenajes y las muestras de respeto hacia los que han hecho importantes aportaciones a la humanidad, a la sociedad a la que pertenecen, pero a seres inútiles e ineptos, chupopteros y sanguijuelas que sólo saben vivir del esfuerzo de los demás… 

Y ya el summum llega cuando veo a un trabajador o una ama de casa llorando desolados porque se ha muerto "la Reina". Yo con eso no puedo.

Es evidente que estamos muy lejos de ser ciudadanos verdaderamente libres y todavía necesitamos a seres que creemos “superiores” para autoengañarnos pensando que están ahí para velar por nosotros. ¡Qué inocencia!

En fin… Debe de ser que los calores de este verano me han afectado la psique.


 

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LA FOTO: Tarde de bruma en la playa

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