Había miedo de que las mafias organizadas robasen alguno de esos preciados cargamentos de vacunas que nos iban a salvar el futuro, Y por eso se veía a lo lejos un gran despliegue de vehículos de la Guardia Civil, Policía Nacional, Policías Autonómicas…, escoltando a los enormes camiones y furgonetas que habían recogido ese ansiado tesoro desde los estómagos de impresionantes aviones.
Pero los ladrones no estaban ahí afuera pasando frío, estaban dentro, prestos en sus enormes y confortables despachos con la camisa arremangada, habiendo dado las órdenes con máxima precisión y claridad: En cuanto llegue la vacuna, ¡y ya os podéis ir dando prisa!, yo el primero.
Les había faltado tiempo a muchos de los políticos y altos cargos
de diferentes colores y linajes, a altos cargos militares y demás calaña pisa-moquetas,
de saltarse todos los protocolos para ponerse los primeros de la fila. Y cómo no, el Clero. Ahí estaba el obispo de Mallorca saltándose la cola. Porque claro, la inmensa mayoría, con las edades que tienen, tampoco es que necesiten hacer trampas, son colectivo de riesgo sí o sí.
Daba grima oír sus obscenos argumentos para justificar lo injustificable. Nos toman por retrasados mentales y lo peor de todo es que nosotros nos comportamos como tal. Nos la cuelan una y otra vez y… nada.
Y luego la ineptitud de los que están gestionando esta pandemia. Es cierto, siempre se puede hacer peor, pero en este país siempre estamos al límite. había que oír al Consejero de Sanidad de Andalucía hablar del "culillo" que quedaba en el frasco de la vacuna. ¿Pero en manos de quién estamos?
Terrible. Y es que a nada que analices un poco el perfil de los susodichos sinvergüenzas, te encuentras con que son los que, envueltos en enormes banderas, son de misa diaria.
Insisto una vez más: Esto no tiene arreglo.




















