LA FOTO: Tiempo de silencios

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70 ANIVERSARIO DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

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Dentro de un par de semanas se celebrará el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (D.U.D.H.). El 10 de diciembre de 1948, 58 Estados miembros de la Asamblea General de la ONU, con 48 votos a favor y 8 abstenciones, proclamaron esta Declaración.

No cabe duda de que este acuerdo ha servido para mejorar mucho, muchísimo las condiciones de vida de millones de personas alrededor de todo el mundo, pero no es menos cierto que la esperanza que produjo esta declaración no ha cumplido ni con mucho las espectativas que creó en la ciudadanía de todo el planeta.También tenemos que decir que, precisamente ahora, esta Declaración Universal no vive su mejor momento, viendo cómo se extiende el odio, el racismo y la xenofobia como una imparable mancha de aceite.


Efectivamente todo ha cambiado de alguna manera a partir de ese día. La semilla plantada no había existido nunca a lo largo de toda nuestra larga historia. Esta semilla entre otros muchos logros,ha marcado un antes y un después, ha permitido retratar a la peor calaña de este mundo, ha animado a la lucha por su defensa, convirtiéndose en una referencia clara e indiscutible. Y lo que es más importante, nos ha hecho sentir personas poseedoras de derechos.

Veremos dentro de unos días quién lo celecra y cómo. Seguramente que los que más y mejor lo cumplen no serán precisamente los que más reconocimientos reciban, todo lo centrario, estoy seguro de que sólo saldrán a vociferar lo respetuosos que son precisamente los que más la incumplen.
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EL PRIMER BOSTEZO DE LOS LUNES (26 de noviembre 2018)

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NO TE LO CREAS

Por qué la radiación del WiFi no causa cáncer




 

FOTOS QUE EMOCIONAN: ISABEL MUÑOZ

Isabel Muñoz fue galardonada en 2016 con el Premio Nacional de Fotografía, que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y está dotado con 30.000 euros.
El jurado destacó su trayectoria profesional, en la que combina el compromiso social con la búsqueda de la belleza, "ahondando en temas como el cuerpo, el rito o la diversidad cultural".


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LA FOTO: Zona de paso

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COMO SI HUBIESE PASADO AYER

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Sucedía en la prehistoria de mi tiempo, finales de los 80, joven con ganas de conocer y comerme el mundo, viajabamos todo lo que podíamos. Sin tener mucho en cuenta la seguridad personal nos íbamos a los países más atractivos con la intención de descubrir nuevos mundos, nuevas gentes, nuevas culturas. En entornos menos amables, descubrimos lo que se puede parecer al hambre y la sed (experiencias light para occidentales) cuando pretendías comer y/o beber y no resultaba tan fácil como aquí. Nos acercamos inconscientemente hasta las cercanas fronteras de la muerte... de otros, a través de la mirada de gentes que sabían que su vida no valía absolutamente nada, cuya esperanza de vida no rebasaba los 40 años y con mucha suerte.

Recuerdo aquellos tiempos como si hubiesen pasado ayer mismo.

Mochileros sin mucho plan organizado paseábamos por las ciudades saboreando todo lo que teníamos alrededor como niño que sale por primera vez a la calle.

Aquel año tocaba parte de Centro América.

Paseábamos por Ciudad de Guatemala, con cierta precaución (tampoco demasiada) pues veíamos seguridad privada por todas partes y eso nunca es indicativo de verdadera seguridad. Es cierto, nos asustaba más un guardia armado con cara de pocos amigos que los potenciales peligros que nos podrían estar acechando. En una de estas intentamos entrar a lo que suponíamos era un parque público y descubrimos que de público no tenía nada cuando dos “armarios roperos” de 2x2 metros nos salieron al encuentro apuntándonos directamente con sus armas. Discretamente y sin rechistar cambiamos de dirección inmediatamente.

Fue esa misma tarde cuando subimos a una colina desde la cual se suponía que se podía ver toda la ciudad. El shock fue tremendo: Al otro lado se veían miles y miles de chabolas, pobreza y miseria extendiéndose por la llanura hasta donde nos alcanzaba la vista. Fue el momento en el que entendimos perfectamente la presencia de tanta gente armada por la zona “noble”.

Hoy, tres décadas después, cuando el único mensaje que reciben desde el mundo civilizado es "muerete sin hacer excesivo ruido", todas aquellas gentes del otro lado de la colina han decidido que ellos también tienen derecho a vivir dignamente, así que han cogido sus harapos y han iniciado una marcha hacia la tierra nunca prometida.

Sí recuerdo aquellos tiempos como si hubiesen pasado ayer mismo. Y lo peor es que es cierto: han pasado ayer mismo y siguen pasando hoy.

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