Hace unos días falleció Luis Montes, presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente. No ha sido muy divulgado en los medios, pero los que hemos compartido y compartimos con él esta causa sí nos hemos enterado y estamos profundamente apenados.
Algunos le recordaréis porque fue acusado en 2005, por el Gobierno del PP de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, de 400 presuntas “sedaciones terminales irregulares”. La Justicia sobreseyó el caso varios años después, pero el linchamiento moral contra él ya se había producido.
Hoy quiero enfatizar el valor de luchadores como Luis, porque es gracias a ellos que disfrutamos de tantos y tantos derechos que hemos tenido que arrancar a los poderes, tanto políticos como eclesiáticos, uno a uno:
El derecho a la Ciencia, el derecho al Placer, el derecho al Divorcio, el derecho al Aborto, el derecho a Amar a quien quieras, el derecho a la Igualdad... Detrás de cuya represión siempre ha estado principalmente la Iglesia, más que los poderes políticos. Y tantos y tantos otros derechos que resulta imposible recoger en este breve artículo.
Luis luchaba por un derecho que todavía no hemos arrebatado a la chusma política y religiosa, pero que no tardará mucho en caer de nuestro lado: el derecho a la muerte digna. Gracias a personas como Luis hoy estamos un pasito más cerca.
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Algunos le recordaréis porque fue acusado en 2005, por el Gobierno del PP de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, de 400 presuntas “sedaciones terminales irregulares”. La Justicia sobreseyó el caso varios años después, pero el linchamiento moral contra él ya se había producido.
Hoy quiero enfatizar el valor de luchadores como Luis, porque es gracias a ellos que disfrutamos de tantos y tantos derechos que hemos tenido que arrancar a los poderes, tanto políticos como eclesiáticos, uno a uno:
El derecho a la Ciencia, el derecho al Placer, el derecho al Divorcio, el derecho al Aborto, el derecho a Amar a quien quieras, el derecho a la Igualdad... Detrás de cuya represión siempre ha estado principalmente la Iglesia, más que los poderes políticos. Y tantos y tantos otros derechos que resulta imposible recoger en este breve artículo.
Luis luchaba por un derecho que todavía no hemos arrebatado a la chusma política y religiosa, pero que no tardará mucho en caer de nuestro lado: el derecho a la muerte digna. Gracias a personas como Luis hoy estamos un pasito más cerca.










