¿LA DECISIÓN DE MI VIDA? O QUIZÁ DE LA TUYA


Hace unos días tuve un pequeño accidente sin más consecuencias que tres puntos en la cabeza. Pudo haber sido peor, pero también pudo no haber sido nada.

El hecho es que pasaba frente a la entrada de un garaje, que se cerraba con una puerta basculante. En el preciso momento en el que yo pasaba, el dueño bajó la puerta con fuerza, estrellándose en mi cabeza.

Tan sólo unos segundos antes había estado dudando en seguir por ese camino o por el contrario. Una decisión intrascendente, sin importancia, Una decisión más, de las cientos que tomamos al cabo del día. Si no hubiese dudado habría pasado por el lugar unos segundos antes y si hubiese ido en dirección contraria exactamente igual.

Qué mala suerte! decían unos. ¡El destino!, decían otros.

¿Cuántas decisiones que tomamos, decisiones aparentemente banales, nos han librado de tener un accidente mortal o de toparnos con la persona ideal o de...? Nunca lo sabremos. ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿el destino? Quién sabe.

Pasado el susto me acordé de una interesantísima reflexión que Francisco Alcaide se hacía a finales del año pasado. Bajo el título de “¿Que importancia tiene el azar en tu vida?” Paco nos dejaba unas cuantas preguntas encima de la mesa y un excelente video para ilustrar la reflexión: ¿El destino está escrito? ¿Merece la pena planificar? ¿Merece la pena esforzarse?

Mi opinión es que escribimos nuestro destino todos y cada uno de los días de nuestra vida. Con cada una de nuestras decisiones elegimos uno de los caminos, obviando el resto. Algunas veces somos conscientes de ello, porque creemos tomar decisiones importantes y otras en absoluto. A mi entender esta es una de las grandezas de la vida: tener la oportunidad de saborear toda y cada una de las decisiones que tomamos.

Yo no soy muy de ilustrar con cuentos o historias con moraleja, pero esta, que seguro que conocéis, me gustó mucho en su día:

Una mañana el campesino Wang Wei vio que un caballo había entrado en sus tierras. La gente del pueblo decía: - que suerte tiene Wang Wei, ahora tiene un caballo para que le ayude en sus labores. Y Wang Wei respondía: - no sé si eso es buena suerte o mala suerte, sólo sé que esta mañana ha aparecido un caballo y que ahora está en mi establo. Dos meses después el caballo se escapó de las tierras de Wang Wei y la gente del pueblo decía:
- que mala suerte tiene Wang Wei, antes tenía un caballo y ahora lo ha perdido.
A lo que Wang Wei respondía:
- no sé si tengo mala o buena suerte, sólo sé que una mañana llego un caballo a mis tierras y ahora se ha ido. Pero un día el caballo regresó con una yegua a la granja de Wang Wei y la gente decía:
- que buena suerte tiene Wang Wei, que el caballo ha vuelto y con una yegua - pero Wang Wei de nuevo sólo decía: - no sé si tengo buena suerte o mala suerte, sólo sé que el caballo que se escapó ha regresado junto con una yegua. Sucedió que el hijo de Wang Wei montando el caballo se cayó y se rompió la pierna. Y de nuevo la gente del pueblo decía:
- que mala suerte tiene Wang Wei ahora su hijo se ha roto la pierna y no podrá ayudarlo con la cosecha.- pero Wang Wei veía la situación de forma diferente y decía:
- no sé si tengo mala suerte o buena suerte sólo sé que mi hijo se ha caído del caballo y se ha roto la pierna. Días después los soldados del rey llegaron al pueblo a reclutar jóvenes para el ejército y se llevaron a la fuerza a todos los jóvenes, menos al hijo de Wang Wei, pues tenía la pierna rota, y de nuevo la gente decía: - que suerte tiene Wang Wei que no se han llevado a su hijo- Y como siempre, por encima del bien y del mal, Wang Wei decía:
- no sé si tengo buena suerte o no, sólo sé que mi hijo se cayó del caballo, se rompió la pierna y los soldados no se lo han llevado con la leva.


¿Azar... destino? Y qué importa. Centrar los esfuerzos en cuestiones que no tienen respuesta es una pérdida de tiempo. Y mientras tanto, mientras gastamos nuestro precioso tiempo en temas tan faltos de importancia, la vida sigue, la vida no nos espera, porque la vida es eso que pasa mientras estás haciendo otra cosa.

Así pues, si no llego a tener este accidente no habría escrito esta entrada y vosotros, en vez de leerla, quizá estuviéseis haciendo otra cosa ahora mismo. Conclusión: el resto de vuestras vidas estará condicionado por haber estado unos minutos leyendo esta entrada. ¡¿No es fantástico?!

La escena a la que hacía mención Paco es de la película El curioso caso de Benjamin Button
Si no la habéis visto, no os la podéis perder (ni la escena ni la película, claro).



8 comentarios:

Myriam dijo...

Por lo visto, tienes una cabeza muy dura y eso es una suerte o ahora estarías descerebrado. Me alegro por tí.

Pienso como tú, soy fenomenológica de pura sepa. Vivo la vida desde la experiencia, y no desde el discurso teórico que muchas veces se convierte en una nube de pedos. Azar o destino... ¿Chi lo sa?

Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Myriam:
La vida es muy corta, no se puede perder el tiempo den elucubraciones que no nos llevan a ningún lado.
Estoy contigo.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Es el famoso y si... de acuerdo con vosotros. No hay que perder el tiempo en elucubraciones.
Un abrazo

A.L. dijo...

Me alegro que solo fuera eso. Yo como soy alto estoy acostumbrado a estos malos rollos por eso creo que es mi destino. Lo lógico es que estuviera má pendiente de lo hago. Me alegro que estés bien.
¿El dudar es malo o bueno?
Un abrazo y buen finde

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Efectivamente. Mirar al pasado no sirve de nada, excepto para no volver a cometer los mismos errores. Y aun así...
Un abrazo.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola A.L.:
Y yo que sé. Bueno, dudar hasta el punto de no tomar ninguna decisión, es malo, malísimo. Dudar, siempre lo justo, y a partir de ahí asumir las consecuencias de lo que se ha hecho. Aunque sean los tres puntos en la cabeza :)
Un abrazo.

Katy dijo...

Hola Javier, he estado sin ADLS y por eso no vine corriendo a ponerte los puntos. Vaya mala suerte o buena según se mire.
Siempre puede ser peor. Lo bueno es que ya paso, y una mal rollito de estos lo tiene cualquiera.
Buena reflexión.
Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Katy:
Gracias. Bien pensando no sé si lo peor ha sido ir dando explicaciones uno a uno a todos los que me han preguntado por el golpe :)
Un abrazo.

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