¿TURISTA O VIAJERO?


Uno de nuestros objetivos como familia es que parte de las vacaciones sean compartida entre los cuatro (padres e hijos). Tratamos de hacer coincidir todos los intereses en cuanto a los lugares (turismo cultural, versus turismo de playa) que vamos a visitar, que lógicamente se va haciendo más complicado a medida de que los chavales van creciendo.

Este año concretamente hemos hecho un “apaño” entre ambas modalidades que, puedo confirmar, ha contentado a todos.

El hecho es que un grado importante de la calidad de nuestras vacaciones y de la satisfacción sentida a la vuelta tiene que ver con las relaciones que establecemos con el entorno. Hay personas que van todos los años al mismo sitio porque coinciden con otras que ya conocen de años anteriores con las que se entienden estupendamente: tienen buena comunicación. A otros nos gusta ir a sitios diferentes para conocer, relacionarnos y comunicarnos con personas diferentes, lo cual entendemos que nos enriquece. Otros… bueno…, no se trata de relacionar las diferentes tipologías existentes, que seguro son unas cuantas.

En cualquier clase de turismo que practiquemos, la comunicación con el entorno es clave, o al menos eso pienso yo. Una cosa es que seamos conscientes de ello, pero siempre se disfruta mucho más del entorno. A nosotros nos encantan los lugares tranquilos, no masificados, pequeños hoteles o alojamientos en entornos un poco o un mucho alejados del mundanal ruido. Allí el trato siempre es muy cercano, nunca te sientes tratado como un “turista”. Casi diría que te conviertes en uno más de la familia. Florecen las relaciones humanas.

A la hora de visitar algunos lugares, qué duda cabe que también la interrelación con los profesionales correspondientes es fundamental. A nosotros nos gusta concertar visitas guiadas y en el peor de los casos alquilar una “audioguía”. Este año hemos hecho las dos cosas. Hay guías que te hacen sentir la historia de las “piedras” que estás viendo. Te sientes integrado en el lugar. Es como si estuvieses haciendo un viaje en el tiempo. Mucho más difícil lo tienen las audioguías, pero una buena, bien grabada también puede conseguirlo. Para eso las personas que están al otro lado de la barrera, los guías y los que graban los textos de las “audioguía”, tienen que sentir su profesión como un maestro tiene que sentir la suya, tienen que pensar en el turista, como un ser que puede llegar a entusiasmarse con lo que le van a contar, en definitiva, tienen comunicarse con su público.

Os cuento todo esto, porque quiero destacar las magníficas relaciones que hemos establecido en las vacaciones de este año. Concretamente estuvimos alojados en un pequeño hotel cerca de Granada, en La Zubia, llamado Laurel de la Reina donde tuvimos una experiencia estupenda, ya no sólo por lo maravilloso del lugar, sino por la relación establecida con los dueños, Maria Victoria y Miguel.

Si no hubiese sido porque teníamos planes ya concertados nos hubiésemos quedado más tiempo.

Visitamos la Catedral de Granada y la Alhambra: cómo no. Las dos con audioguía. La de la Catedral, fue… horrible. El que hizo esa grabación se limitó a leer sin ningún tipo de sentimiento, sin pasión, así que el resultado fue un bostezo generalizado.

¿Y la de la Alhambra? ¡Qué maravilla! De verdad que fue toda una experiencia. La persona que grabó los textos vivía lo que estaba leyendo. Te trasladaba 500 años atrás. Te hacía sentir como un sultán.

Todo lo contrario lo vivimos en Córdoba dónde nos unimos a un grupo con guía. Esa mujer hablaba tan deprisa que nadie la seguía. Sólo había que ver las caras y los bostezos de las personas que componíamos el grupo. ¿Por qué no las veía ella? ¿Por qué yo sí las veía?

Creo que uno de los mayores placeres del ser humano viene como consecuencia de su relación y comunicación con personas de otros lugares, de otras culturas. Por el conocimiento de cómo viven o cómo vivían antaño, por la  posibilidad de ponernos en su lugar. Es más, me atrevería a decir que a la vuelta, cuando cuentas cómo te lo has pasado de vacaciones, resaltas las estupendas experiencias personales… casi por encima de las turísticas.

En esto del turismo, estas gratísimas experiencias sólo se producen cuando el profesional que vive de ello te mira como un “viajero”, como un ser interesado por vivir y convivir, y no como un ser al que se le debe de sacar la “pasta!” como sea.

Claro que para ello nosotros, los viajeros, también tendríamos que poner de nuestra parte. Sí, porque dado que la palabra “turista” está tan desacreditada, podríamos hablar de “viajeros”, ¿no os parece? Aunque bien pensado seguro que mucha gente prefiere seguir siendo “turista”.

Allá ellos.

10 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Hola javier:

Me ha encantado el post. Coincido contigo en que un buen guía puede hacer una visita inolvidable y uno malo que sea para olvidar.para mi, viajar no es solo ver y sentir, es comunicación y eso , le da más grande, si cabe, al placer de viajar.

El video genial, me encanta el sentido del hunor que teneis por allí arriba.

Un abrazo y gracias por la recomendación hotelera

Katy dijo...

Hola Javier siempre viajero, El turista pasa de puntillas por encima de todo y se trae un mogollón de suvenirs. Al viajero lo motivan otras cosas más profundas como bien dices: "Creo que uno de los mayores placeres del ser humano viene como consecuencia de su relación y comunicación con personas de otros lugares, de otras culturas".
Y si vas con audio bien, pero un buen guía vale su precio en oro. Yo también tuve ambas experiencias y las dos gratificantes.
Un abrazo, me he sentido identificada con tu sentir.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Viniendo de ti lo considero un superhalago.
Y es que la palabra "viajar", si no es sinónimo de "persona" pierde su sentido.
Un abrazo.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Katy:
¿Qué te voy a contar a ti, con tu experiencia viajera?
Me alagra de que coincidamos, si bien ya lo intuía.
Un abrazo.

Josep Julián dijo...

Hola Javier:
Creo que has descrito muy bien lo que uno busca cuando sale a hacer de turista. No sólo que le traten bien sino que le involucren en los lugares que visita. Y no siempre se hace bien, es cierto. No obstante, no es lo mismo viajar, que es algo un poco más profundo, largo y caro que hacer de turista que es a lo màs que muchos podemos llegar, sin que eso suponga tener que renunciar a nada. El ejemplo de los guías o las audioguías que has puesto es perfecto.
Un abrazo.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Josep:
Me ha gustado eso de "... que es a lo más que muchos podemos llegar". Cuando hablo del "turista" estaba pensando en el que no busca la más mínima involucración con el entorno. Como el que va a Santo Domingo (nombro este país porque me han contado la anécdota) y se pasa los 7 dísa en el playa sin conocer nada más. Para eso mejor haber ido a cualquier playa española, ¿no?
Bueno, no sigo porque nos entendemos perfectamente.
Un abrazo.

Enrique Hormigos dijo...

Muy buenas tardes, Javier.

Aunque veo que no era la idea establecer todas las tipologías, has olvidado una de mis favoritas: El grupo de personas que va TODOS los años al MISMO sitio para coincidir con un grupo humano al que ODIA y pasa todas sus vacaciones quejándose, poniéndo a parir a todo lo que se mueve y diciéndo aquello de "anda que, si tuviese yo dinero, me iban a volver a ver por aquí..." sin saber que lo suyo no es una cuestión de dinero.

Un saludo ;)

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Enrique:
Pues seguro que esta tipología se me habría pasado por alto. No por ello menos meritoria, que conste. Fíjate, yo añadiría que eta gente no puede vivir sin odiarles: "a ver qué se han comprado (o no) este año". "Seguro que se han empeñado hasta las cejas para comprarse ese cochazo", etc. En definitiva, esto es una forma de vida.
Un abrazo.

JLMON dijo...

Hola Javier
Coincido con Katy, viajero, siempre viajero (aunque sea accidental, je-je).
Yo debo confesar que mis experiencias con los guías han sido más bien funestas aunque cuando te topas con alguien que "lo vive", hace que tú también lo vivas, pero no abundan...
Cuidate

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Jose Luis:
Todo viaje siempre puede tener algo de "accidental", sólo hay que ir con los ojos y el alma abiertos.
Los guías suelen ser personas con un contrato cutre, que ganan 4 perras y que han perdido la ilusión hace mucho o ni siquiera han llegado a tenerla. Eso es lo que nos ofrece el sistema.
Un abrazo.

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